El Valle Sagrado de los Inkas es mucho más que el camino hacia Machu Picchu. Es un santuario de biodiversidad, microclimas benignos y arquitectura agrícola monumental.

Al alejarse de las rutas concurridas, se descubren pueblos como Maras, Moray y comunidades de altura donde el tiempo parece haberse detenido con gracia y dignidad.